Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
5. Hacia una teoría
¿Qué teoría hay que cubra este fenómeno relativamente reciente, el del microrrelato
hispanoamericano? Antes que una revisión crítica de las respuestas, será productivo
que nos preguntemos cuáles son los problemas teóricos que plantea este tipo
de textos.
A mi entender, los microrrelatos ponen en foco dos problemas fundamentales,
al menos en relación con cuestiones de género (literario). El primero consiste
en establecer si el microrrelato es o no un caso particular del cuento, y
en caso afirmativo, si constituye un subgénero del primero. La segunda pregunta
sería si el microrrelato es intrínsecamente homogéneo o híbrido: si tiene
unidad genérica, o es una suerte de cruce de géneros.
5.1. A la primera cuestión, que es la de la relación con el cuento y
otras formas breves, contesto que efectivamente es así. El microrrelato no
puede entenderse sino dentro de un proceso de evolución del género cuento
que, como ya dije, para nuestra literatura comienza en el Modernismo. Esto
no quiere decir que cuentos y microcuentos sean la misma cosa. Surgen como
parte del impulso creador de nuestros escritores; pero, mientras que el cuento
es ya una forma establecida desde el siglo XIX y tiene, como diría Horacio
Quiroga, su propia retórica, el microrrelato va encontrando la suya a medida
que sus autores prueban diversas vías de enfoque. Las minificciones son parte
del continuo narrativo, que contiene también ciclos novelísticos, novelas
individuales, nouvelles y cuentos: pero repito no son la
misma cosa cuentos y microcuentos, de la misma manera que la novela y la nouvelle
(como lo advirtió Goethe en sus conversaciones con Eckermann) tampoco son
la misma cosa.
El género del microrrelato se ha estabilizado al punto de constituir proyectos
autónomos de libros, es decir, libros compuestos exclusivamente por ellos:
por ejemplo dos de Ana María Shua (1984, 1992). Hoy podemos intentar la definición
de los rasgos más relevantes del microrrelato, y también clasificarlos según
una tipología que no sea exclusivamente temática. Todo ello indica la consolidación
de un género que, surgido en la interioridad del género cuento,
ha llegado a diferenciarse sustancialmente de él.
5.2. El otro problema que se ha planteado es el de decidir si el cuento es
un género o una suerte de no-género, un campo de cruce, un género híbrido15
.
Híbridos son todos los géneros literarios; lo han sido siempre en alguna medida,
pero el proceso de aproximación entre distintas actitudes genéricas se intensifica
a medida que nos vamos alejando de las décadas iniciales del siglo XX. Es
absolutamente cierto que algunos microrrelatos se sitúan cerca de la anécdota,
de la breve estructura ensayística, de la sátira, de la viñeta retratística,
del poema. Pero también lo es que esto pasa de manera similar en otros ámbitos
genéricos; y que, en éstos como en aquel, lo que importa es la persistencia
de los rasgos genéricos básicos.
Para citar dos ejemplos que vienen del campo del ensayo: una pieza ensayística
como Visión de Anáhuac, de Alfonso Reyes, ofrece sobrados elementos
para despertar nuestra vivencia de la poesía (Reyes 1953); por ello afirma
uno de sus más conocidos exégetas que en esa obra hay poesía y saber
unificados a través de una técnica basada en la reminiscencia y la evocación.
No se rechaza ni la poesía ni la documentación (Leal 1970: 51). Por
otra parte, Jaime Alazraki ha señalado convincentemente una aproximación al
cuento en los ensayos de Borges: practica en sus ensayos una operación
similar a la empleada en sus narraciones (1970: 139). Eso no hace ni
del cuento ni del ensayo géneros híbridos.
Puede pensarse, como lo adelantó Benedetto Croce y repitieron otros, que los
géneros no tengan razón de ser. Pero los géneros nos contienen, como las naciones;
podemos aspirar a que alguna vez no haya estados nacionales, pero por ahora
tenemos que vivir con ellos y dentro de ellos. Los géneros literarios, desde
luego, no son tres, como creyeron los antiguos, ni se encierran en un número
inmutable y fijo: hay tantos géneros como perspectivas de formulación existen
para el fenómeno literario, en íntima comunicación con la conciencia del escritor,
con la percepción del lector y los condicionamientos de un momento histórico
y cultural determinado.
El segundo de estos elementos, la percepción del lector, lo encontramos cada
vez más importante en la teoría contemporánea. La obra literaria no termina
de formalizarse mientras no completa su circuito, es decir, cuando se ha producido
la recepción por parte del lector.
La verdad es que somos cada vez más los lectores que aspiramos a leer microrrelatos
en tanto tales; que reexaminamos obras del pasado buscando esas construcciones
perdidas; que asumimos una distinta actitud lectoral frente al microrrelato
y frente al cuento. Los lectores somos quienes estamos terminando de constituir
el género; la tarea llevó unos cincuenta años, pero ahora está llegando a
su fin.
Comencé hablando de la vitalidad del género del cuento en Hispanoamérica;
termino señalando que, sin mengua de su actual salud, esa vitalidad es también
característica del microrrelato. Pero la vitalidad y la abundancia por sí
solas no bastan: lo importante de la obra estética es que debe ser capaz de
conferir placer. Creo sinceramente que, desde los relatos breves de Kafka
hasta los relatos brevísimos de Monterroso, y desde los minimitos
del húngaro Örkeny (1970) hasta las ya citadas falsificaciones
del argentino Denevi, se tiende todo un arco de posibilidades de disfrute.
¿Cuál será nuestro microrrelato favorito? Seguramente el que escribiremos
esta noche, en la soledad de nuestra habitación.

