Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
Cuentos muy cortos: De 200 a 1000 palabras
Esta categoría está constituida por los textos reunidos bajo el título de
flash fiction, las compilaciones de microhistorias y las narraciones
instantáneas y urgentes escritas por mujeres.
Irene Zahava dice sobre los cuentos muy cortos: son las historias que
alguien puede relatar en lo que sorbe apresuradamente una taza de café, en
lo que dura una moneda en una caseta telefónica, o en el espacio que alguien
tiene al escribir una tarjeta postal desde un lugar remoto y con muchas cosas
por contar (I. Zahava, vii).
En su teoría sobre el impresionismo y la forma en el cuento, Suzanne C. Ferguson
señala que en la estructura clásica decimonónica se puede romper la linealidad
de la secuencia narrativa, utilizando estrategias que generan, respectivamente,
dos clases de cuentos: elípticos (cuando se omiten fragmentos del relato)
o metafóricos (cuando algunos fragmentos del relato no son omitidos, sino
sustituidos por elementos disonantes e inesperados) (S. C. Ferguson, 221).
El primer tipo (historias elípticas) corresponde a las primeras dos categorías
señaladas anteriormente para el cuento corto (incidente repentino o condensación
de una vida, es decir, en ambos casos, intensificación del tiempo). El segundo
caso (historias metafóricas) corresponde al monólogo interior o a la estructura
alegórica. En todas las formas del cuento muy corto se condensan las estrategias
que hemos visto utilizadas en el cuento corto.
Los títulos de los cuentos muy cortos suelen ser enigmáticos, y puede haber
ambigüedad temática y formal, hasta el grado de alterar las marcas de puntuación.
Los finales suelen ser también enigmáticos o abruptos (A. Bell, 30). Pero
siempre se requiere que el lector participe activamente para completar la
historia.
En este grupo de cuentos se encuentra El silencio de las sirenas
incluido en el Bestiario (c. 1924) de Franz Kafka, y libros como la
Centuria (Cien breves novelas-río) (1979) de Giorgio Manganelli, el
Manual de zoología fantástica (1957) de Jorge Luis Borges, las Historias
de cronopios y de famas (1962) de Julio Cortázar y Rajapalabra
(1993) de Luis Britto García.
En México encontramos esta clase de narraciones en la sección Arenas
Movedizas del libro ¿Águila o sol? (1949) de Octavio Paz, la
Enciclopedia de latinoamericana omnisciencia (1977) de Federico Arana,
Gente de la ciudad (1986) de Guillermo Samperio, Castillos en la
letra (1986) de Lazlo Moussong (1986), Las vocales malditas (1988)
de Oscar de la Borbolla, Amores enormes (1991) de Pedro Ángel Palou,
La musa y el garabato (1992) de Felipe Garrido, Léérere (1992)
de Dante Medina, los Cuadernos patafísicos (1992) de Hugo Enrique Sáenz
y La casa en Mango Street (1994) de Sandra Cisneros.

