Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
El cuento ultracorto: una mirada bajo el microscopio
Lo que aquí llamo cuento ultracorto tiene una extensión que no rebasa las
doscientas palabras. Esta escritura ha recibido diversos nombres, entre ellos,
microcuento o minicuento, cuento brevísimo y, más recientemente, ficción urgente
o de tarjeta postal (I. Zahava, 3 vols.).
La investigadora venezolana Violeta Rojo propone llamar minicuento a la narrativa
que tiene las siguientes características:
a) brevedad extrema (menos de 200 palabras);
b) economía de lenguaje y juegos de palabras;
c) representación de situaciones estereotipadas que exigen la participación
del lector, y
d) carácter proteico, es decir, hibridación con otros géneros literarios o
extraliterarios, en cuyo caso la dimensión narrativa es la dominante; o bien
hibridación con géneros arcaicos o desaparecidos (fábula, aforismo, alegoría,
parábola y proverbios, y habría que añadir mitos), con los cuales se establece
una relación paródica (V. Rojo, 566-7).
El ejemplo paradigmático de minicuento es El dinosaurio (1959)
de Augusto Monterroso.
Por su parte, Andrea Bell, en su investigación sobre lo que ella llama cuento
breve incluye el muy corto y el ultracorto, es decir, hasta un límite de 1000
palabras.
Retomando lo señalado en el apartado anterior, en el estudio de estos minicuentos
es necesario considerar, además de la brevedad extrema, los siguientes elementos
característicos:
a) Diversas estrategias de intertextualidad (hibridación genérica, silepsis,
alusión, citación y parodia);
b) Diversas clases de metaficción (en el plano narrativo: construcción en
abismo, metalepsis, diálogo con el lector; (en el plano lingüístico: juegos
de lenguaje como lipogramas, tautogramas o repeticiones lúdicas);
c) Diversas clases de ambigüedad semántica (final sorpresivo o enigmático);
d) Diversas formas de humor (intertextual) y de ironía (necesariamente inestable).
Todos los estudiosos del cuento ultracorto señalan que el elemento básico
y dominante debe ser la naturaleza narrativa del relato. De otra manera, nos
encontramos ante lo que algunos autores han llamado un minitexto, pero no
ante un minicuento; es decir un texto ultracorto, pero no un cuento ultracorto.
Sin embargo, el elemento propiamente literario tanto en los minitextos
como en los minicuentos es la ambigüedad semántica, producida, fundamentalmente,
por la presencia de un final sorpresivo o enigmático, pues ello exige la participación
activa del lector para completar el sentido del texto desde su propio contexto
de lectura.
La intensidad de la presencia de los elementos estructurales indicados hacen
del cuento ultracorto una forma de narrativa mucho más exigente para su lectura
que la novela realista o el cuento de extensión convencional.
Antes de 1956, fecha de publicación de la Breve historia del cuento mexicano
de Luis Leal, entre los principales cultivadores del cuento muy breve en México
se encontraban Carlos Díaz Dufoo II, Julio Torri, Alfonso Reyes, Octavio Paz,
Mariano Silva y Aceves, Genaro Estrada, Juan José Arreola, Juan Rulfo y algunos
otros, cuya tradición continúa hasta hoy. Habría que añadir que de todos estos
escritores sólo Paz y Reyes llegaron a conocer directamente la tradición del
haiku en México (T. Hadman, 7, 20-21).
La actual popularidad del género se puede deber, tal vez, al crecimiento editorial
y al incremento de estudios y talleres dedicados al cuento, a la crisis de
la sociedad civil (con la consiguiente multiplicación de voces públicas) y
sin duda a la creación del Concurso de Cuento Breve de la revista
El Cuento.

