Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
Sección: Reseñas Criticas / Critical Reviews
Emma SEPÚLVEDA y Joy LOGAN (Eds.). El testimonio femenino como escritura
contestataria. Santiago de Chile: Asterión, 1995, 276 págs.
El título de esta reseña, que debería ser La otra voz, encierra
una intertextualidad: en él cito el título de uno de los ensayos de la colección1.
Al hacerlo, pretendo hacer hincapié en la doble vertiente de esta novísima
colección, cuyo objeto de estudio es tanto la urgencia de comunicación (el
actoy el artede testimoniar) cuanto la otredad o diferencia,
si se quiere, de dicha comunicación en el testimonio femenino en Latinoamérica.
En la Introducción, rigurosamente actualizada en cuanto a planteamientos teóricos,
las editoras Sepúlveda y Logan apuntan hacia el cambio en la caracterización
de las letras hispanoamericanas, marcad[a], afirman, en
las tres últimas décadas [por] la producción del testimonio (11). A
continuación trazan el desarrollo de la conceptualización del testimonio,
de acuerdo con varias perspectivas en cuanto a su funcionalidad. A partir
del Premio Nobel de la Paz, otorgado a Rigoberta Menchú en 1992, el testimonio
se ha concebido primordialmente como discurso de resistencia.
También, sin embargo, en cuanto a su relación inestable con las
divisiones genéricas tradicionales revela ciertas propiedades proscritas,
(outlaw) que, según la crítica Caren Kaplan permiten a deconstruction
of the master genres, revealing the power dynamics embedded in
literary production, distribution, and reception (12). El enfocarse
en estas cualidades proscritas y describir minuciosamente su funcionamiento
respecto a los géneros literios tradicionales (particularmente la autobiografía)
hace que el estudio de Sepúlveda y Logan se inserte decisivamente en el discurso
de la posmodernidad latinoamericana, junto con otros estudios recientes. Sepúlveda
y Logan siguiendo a Doris Sommer, distinguen entre la autobiografía y el testimonio
en base a la subjetividad diferente, o lo que llama Sommer the plural
self manifiesta en éste (l3). Además, subrayan otra pluralidad, la
complicidad feminista característica particularmente del testimonio
femenino, o sea, la participación activa en cuanto a apoyo editorial y la
colaboración directa en la producción de textos testimoniales. Y sin embargo,
hay que subrayar como hacen las editoras, que la relación entre interlocutor(a)/productor
del texto oral (la voz) testimonial es una de poder, y de franco desequilibrio.
No obstante, afirman las editoras que el estudio del testimonio femenino puede
servir de punto importante para articular un nuevo feminismo transnacional
que podría comprometer a mujeres del Primer y tercer Mundo de una forma no-tradicional,
no-esencialista y no-jerárquica (17).
Los 12 ensayos comprenden una gran variedad de acercamientos teóricos así
como representan distintas tradiciones nacionales y de género. Entre los ensayos
más notables se destaca el de Florence Moorhead, Escuchando las voces
de los márgenes: Hasta no verte, Jesús mío, de Elena Poniatowska.
Moorhead subraya, a partir de su título, el aspecto de oralidad (pero
también el de marginalidad u otredad) que se traza cual hilo conductor
por toda esta colección. Según Moorhead, Poniatowska rompe con la historia
tradicional de representaciones de la mujer en la literatura mexicana
(58), al hacer que Jesusa sea protagonista, narradora y foco principal
de Hasta no verte (59). Moorhead señala con singular agudeza le diferente
versión del acto sexual, narrada por Jesusa, comparada con la tradicional
descripción epifánica en el discurso narrativo masculino: las
experiencias [sexuales] de Jesusa son una sombra pálida, un fantasma....que
cuestiona a la vez lo maravilloso y el carácter de....culminación que la experiencia
sexual siempre ha representado para la mujer en la mayor parte de la literatura
escrita por hombres (59 60). Esta re-visión que hace Jesusa
es parte de la (según Moorheadde acuerdo con la tradición del feminismo
anglo-americanonecesaria) movida del silencio a la voz y, más importante
quizás, de voz a autoridad (64). Pero, cierra Moorhead su valioso
estudio amonestando al lector a escuchar la voz de Jesusamás ambigua
que heroica, quizás, en fin de cuentas con cuidado, es decir:
no deificarla como un ideal más en el panteón literario de imágenes
femeninas (64).
De la puerta de Ibsen a la Plaza de Mayo: la historización transtextual
de lo femenino de Bruce Williams es un estudio teóricamente sofisticado
de la paratextualidad en la filmación de la película argentina
La historia oficial (1985). Cabe preguntary lo hace Williams¿hasta
qué punto conviene asociar una película determinaday su paratextocon
el testimonio femenino? (91)
De acuerdo con la definición del testimonio de uno de sus máximos estudiosos,
John Beverley, Williams determina que La historia oficial bien
pudiera funcionar como una de estas formas híbridas [descritas por Beverley]
(93). Williams señala que aunque ciertas concesiones a las normas de producción
internacionales (léase Hollywood), se han hecho, esto no le quita importancia
al aspecto testimonial de la contribución femenina de tales artistas
como Aída Bortnik y Norma Aleandro. Y tal contribución se documenta en el
paratexto del film (93). Y es esto lo inoficial de
la voz femeninaque forma el núcleo de la lectura transgresiva
de lo paratextual que emprende Williams en su provocador ensayo.
De otra índole es el conmovedor ensayo de Emma Sepúlveda, Arte social
como testimonio político: historia de las arpilleristas chilenas. Como
se indica en su título, el género que describe y explica la autora
es, precisamente, la arpillera (burlap). Su ensayo cae, de forma
posmoderna pero a la vez altamente politizada, en los intersticios del género:
su inclusión en una colección para consumo académico nos sugiere determinado
modo de leer (intelectual, crítico, etc.) pero a la vez salta inevitablemente
a la vista el alto grado de emotividad, compromiso personal y poeticidad del
discurso de Sepúlveda. Su ensayo es, en fin de cuentas, en sí un testimonio:
quiero repetir, nos dice, las historias de un grupo de mujeres
chilenas que han luchado por anos para defender los derechos humanos
(222). Texto híbrido: parte discurso memorialístico (la crítica nos entrega
detalles personales de su propia historia: la muerte de su madre, su exilio
de más de 20 anos, su pasión por la fotografía y por la justicia social),
parte testimonio de un testimonio (narra la historia del significado simbólico
y político de las arpilleras chilenas de la época de Pinochet), el
ensayo de Sepúlveda busca transmitir al lector la verdadera historia
de las llamadas Arpilleras (223). Sepúlveda intenta entender
y comunicar, con palabras y con su fotografía, el silencio con que se
escribía diariamente la historia de [su] aniquilado país (223).
En conclusión, me parece que el lector interesado en literatura testimonial,
literatura femenina, o feminismo (preferentemente un ente híbrido, amante
de estos tres géneros íntimamente ligados) encontrará que la valiosa Introducción,
estos tres y otros varios de los doce ensayos hacen que la colección cumpla
magistralmente con su meta: dar un paso inicial al largo camino que
queda por seguir en el estudio del testimonio latinoamericano escrito por
mujeres (22).
SUSANA CHÁVEZ-SILVERMAN
Claremont, California, U.S.A.

