Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1997
Sección: Artículos / Articles
El lugar central que Bianco otorga al terceto de Góngora en la escritura
de Sombras suele vestir se evidencia en la relevancia que el tema de
la representación adquiere en la novela. Algunos críticos como Antonio Prieto
Taboada (1983; 1992) o Adam Gai (1983) han estudiado, en esta dirección, el
conjunto de estrategias discursivas por las cuales el texto de Bianco admite
una doble lectura natural o realista y a la vez sobrenatural o fantástica
del personaje de Jacinta: como alucinación de Bernardo Stocker o como fantasma.
En Sombras suele vestir el tema del sueño y su importancia en la construcción
de la imagen de Jacinta tiene un lugar fundamental. Como en Góngora, en el
texto de Bianco el sueño es el que permite la conjunción momentánea de los
amantes. Stocker, en diálogo con Sweitzer en la tercera parte del texto, comenta:
...¿Cree usted que vendrá, don Julio? Yo antes creía, pero ahora dudo de todo. ¿No cree usted en los sueños, don Julio? Yo tampoco creía, pero últimamente...Según sugiere el texto, la distancia de los amantes hacia el final de la novela, cuando Jacinta ya se ha alejado del todo por que ha muerto, según se nos hace saber es el hecho que actúa como estimulante para la imaginación de Stocker. Algunas frases del párrafo anterior como Antes no, pero últimamente..., Temía despertarme o comprendiendo que Jacinta estaba allí parecen reforzar esta hipótesis. Asimismo, las palabras de Stocker cuando hace referencia al último encuentro en casa de María Reinoso (encuentro que coincide, a su vez, con el último día de vida de Jacinta), otorgan nuevamente a la protagonista ese papel de cuerpo imaginado con el que la hemos venido caracterizando:
¿Se le apareció a usted en sueños?
Sí... y no. Pude ver únicamente sus pies, como si estuviera frente a mí y yo mirara al suelo. Es extraño hasta qué punto los pies son expresivos, inconfundibles. Le veía los pies como si la estuviera mirando a la cara. Entonces, cuando levanté los ojos, no pude seguir adelante. Todo se disolvió en una atmósfera gris. Anoche volví a soñar con la misma atmósfera. Es gris, pero a ratos blanca, translúcida. Quedé en suspenso. Temía despertarme. Entonces, comprendiendo que Jacinta estaba allí, le dije que me había engañado, que me utilizó como un pretexto para que internara a Raúl en el sanatorio (133).
¿Y la última? Yo te esperé mucho tiempo, media hora, tres cuartos de hora. Nunca llegabas. Creo que mis deseos te hicieron venir. Y ahora mismo creo que mis deseos te vencen, te retienen. Temo que un día desaparezcas, y si te fueras no me quedaría nada de tí, ni una fotografía (142).Como el soneto de Góngora, la novela de Bianco vuelve a presentar aquí la convivencia de dos modos de figuración del otro: el realista y el onírico. También, como en el soneto de Góngora, en Sombras suele vestir es el surgimiento de un obstáculo (el rechazo, la muerte) lo que estimula a uno de los actores a encontrar al otro en un espacio situado más allá de las convenciones de la representación realista. El sueño, ámbito de toda posibilidad del sentido, asume así en estos textos las funciones de autor, o sea, las de productor de la escena del deseo, de engendrador del simulacro verosímil:2 es la dialéctica entre deseo y poder el procedimiento que Varia imaginación... proyecta sobre el texto de Sombras suele vestir.
El cruce de deseo y poder configura, en este sentido, el lugar versátil a través del cual se articulan todos los contrastes formales y temáticos de ambos textos; este es el procedimiento por el cual, como señala Prieto Taboada para la novela de Bianco, el enigma fantástico adquiere espesor (719).

